Topic: Water

Ilustración muestra cómo el rediseño de calles con elementos como jardines pluviales y pavimento permeable puede ayudar a frenar y almacenar el agua pluvial.

Futuros Inciertos

Cómo integrar la planificación del agua y el suelo en una era de volatilidad climática
Por Heather Hansman, April 1, 2023

 

“Cambio climático es cambio hídrico”. Este adagio se ha popularizado en ciertos círculos, ya que nuestros sistemas globales cambiantes afectan a cada parte del ciclo del agua. En los Estados Unidos, se materializó en una sequía y aridificación récord en el oeste, inundaciones masivas en el centro oeste y supertormentas en el este. Tales cambios climáticos, además, tuvieron impactos secundarios, como la subsidencia del suelo, temporadas de incendios forestales más prolongadas y suministros de agua contaminada. Y todos estos efectos se ven agravados por factores que van desde el crecimiento demográfico hasta infraestructuras viejas.

Mientras estos efectos azotan a todos los rincones del país, los planificadores y gestores del agua buscan nuevas formas de enfrentarlos, trabajando de forma colaborativa para generar resiliencia frente a un clima cada vez más volátil.

La planificación para un futuro que podría incluir una combinación impredecible de sequías, inundaciones, contaminación y otros problemas relacionados con el agua exige un cambio significativo, explica Bill Cesanek de la Red de Agua y Planificación de la Asociación Estadounidense de Planificación. “Históricamente, las comunidades de los Estados Unidos han lidiado con la planificación del uso del suelo y la gestión del agua por separado”, comenta Cesanek. “Pero ahora sabemos que tenemos que gestionarlos usando un enfoque integrado”.

Tradicionalmente, explica, los planificadores y departamentos hídricos, a menudo, han trabajado dentro de diferentes límites geopolíticos, estructuras de gestión y líneas de tiempo, incluso cuando su trabajo se superponía en el terreno. Pero las comunidades crecen rápido, sobre todo en el sur, y el cambio climático exacerba los riesgos relacionados con el agua, por lo que la planificación se complejiza y la necesidad de colaboración se vuelve más urgente.

“Necesitamos un enfoque multidisciplinario e integrado”, admite Brenda Bateman, directora del Departamento de Conservación y Desarrollo del Suelo de Oregón. Bateman es directora de la Conferencia Especializada sobre el Agua y el Suelo de la Asociación Estadounidense de Recursos Hídricos, un evento que se centra en conectar el suelo y el agua para lograr comunidades saludables. “Estos problemas son tan complicados que si intentamos resolverlos uno por uno, o por cuenta propia, terminamos obteniendo soluciones o resultados que no son eficaces. Están unidos, sin importar cómo funcionen nuestros presupuestos y burocracias”.

El objetivo de mejorar la planificación y los procesos de gestión de recursos para que se integren más y sean más resilientes, flexibles y creativos es complicado debido a las diferencias regionales: “Lo que funciona en California, no funcionará necesariamente en Nueva Jersey”, explica Cesanek. Y, como la naturaleza de la volatilidad climática implica que lo que funciona en California hoy en día no necesariamente funcionará en el futuro, los planificadores y gestores del agua deben prepararse para diferentes escenarios posibles. “En el mundo de la planificación, se solía pensar, ‘imaginemos el futuro más deseado y construyamos con eso en mente’”, dice Jim Holway, director del Centro Babbitt para Políticas de Suelo y Agua del Instituto Lincoln. “Ahora tenemos que implementar políticas que se mantengan firmes en los diferentes futuros, no solo los deseables, e incorporar programas que sean más adaptables. Este es un cambio de enfoque”.

Anticiparse a potenciales futuros y cambiar prácticas para tener en cuenta la incertidumbre es complejo, pero no imposible. A pesar de la naturaleza local de la planificación y la gestión de recursos, las prácticas y estrategias compartidas pueden funcionar en todo el país. Aquí podemos ver cómo tres comunidades que enfrentan diferentes desafíos están adaptando sus enfoques y prácticas para prepararse para un futuro cambiante.

Nueva Orleans: convivir con el agua

Pocas ciudades han dedicado tanto tiempo y energía a luchar contra el agua como Nueva Orleans. La ciudad se construyó sobre un dique natural a lo largo del Río Mississippi, una ubicación valorada que ofrece beneficios económicos y medioambientales. Pero siglos de esfuerzos para diseñar el río y drenar los pantanos circundantes condujeron a una subsidencia del suelo tan grave que algunos barrios se encuentran tres metros por debajo del nivel del mar, lo que los hace propensos a inundaciones frecuentes. Además, Nueva Orleans es uno de los lugares más lluviosos del país, con 1,5 metros de precipitaciones anuales, y es vulnerable a huracanes cada vez más potentes que frecuentan la costa del golfo.


Siglos de esfuerzos para combatir el agua están abriendo camino a una nueva filosofía en Nueva Orleans. Crédito: pawel.gaul vía E+/Getty images.

Cuando el huracán Katrina azotó en 2005, e inundó el 80 por ciento de la ciudad, reveló de forma explícita una verdad que poco a poco venía saliendo a la luz: Nueva Orleans no pudo usar sus enfoques históricos para combatir las tormentas más fuertes y las crecidas de agua que genera el cambio climático. Tuvo que pensar diferente.

“Katrina fue el punto de inflexión”, explica Ed Blakely, un experto en políticas urbanas globales que dirigió los esfuerzos de recuperación de la ciudad. Blakely dice que el enfoque anterior que la ciudad adoptó para los asuntos relativos al agua (con la intención de dominarla en lugar de planificar en torno a los patrones de inundaciones y el flujo de las corrientes naturales) reflejó un patrón urbano común en los Estados Unidos. “No hemos usado la historia para planificar los asentamientos”.

A medida que el trabajo urgente de recuperación fue avanzando, también empezó a surgir un nuevo enfoque de planificación a largo plazo. Con el apoyo de un fondo para la resiliencia comunitaria del estado impulsado por el presupuesto federal para la recuperación de desastres, la organización para el desarrollo económico de la región, Greater New Orleans, Inc. (GNO) encomendó un proyecto que ayudaría a la ciudad a reimaginar su relación con el agua.

Inspirado por el enfoque holandés para la gestión del agua, que se basa en la colaboración entre todas las disciplinas y en la visión del agua como un bien, el Plan Hídrico Urbano de Greater New Orleans hizo uso de la experiencia internacional, nacional y local, y previó sistemas y estrategias inspirados en la naturaleza que pudieran ayudar a gestionar el agua pluvial con mayor eficiencia y contribuir a la salud de los residentes, los ecosistemas y la economía. Las propuestas de infraestructura verde en el plan variaban desde acondicionamientos de escala pequeña como jardines de biofiltración y pavimento permeable, hasta el uso más integral y estratégico de parques, canales y vía fluviales para frenar y almacenar el agua (Waggonner & Ball 2013).

El plan ambicioso se centra intencionalmente en el espacio físico, no en las políticas o la política, explica Andy Sternad, arquitecto y experto en resiliencia, y uno de los autores principales del plan para la empresa radicada en Nueva Orleans, Waggonner & Ball. Obtuvo el reconocimiento de organizaciones como C40 Cities y la Asociación Estadounidense de Planificación (APA, por su sigla en inglés), y como consecuencia, recibió el Premio Nacional a la Excelencia en Planificación en 2015, en parte, debido a su naturaleza colaborativa. En la descripción de su premio, APA destacó que “los planificadores tuvieron una participación decisiva en la comunicación con los diseñadores y los ingenieros sobre los impactos culturales, políticos, socioeconómicos y espaciales”. “Además, integraron con éxito el Plan Hídrico Urbano con el Plan de Ordenamiento Territorial Costero de Luisiana y otros procesos de planificación locales”.

“El plan hídrico nos facilitó una nueva forma de abordar el agua, local y regionalmente”, explica Robin Barnes, una asesora sobre resiliencia y recuperación económica radicada en Nueva Orleans que es la ex vicepresidenta ejecutiva y directora general de GNO, Inc. “Nos brinda información, esquemas e instrucciones sobre todo, desde materiales hasta proyectos de demostración específicos, e ilustra cómo funciona Living with Water”.

Barnes es directora de la Junta de Agua y Sistemas Cloacales de Nueva Orleans (SWBNO, por su sigla en inglés) desde 2014, y dice que ha visto cómo la filosofía orientadora del plan se filtra en las operaciones tanto en las ciudades como en las regiones. La idea del enfoque Living with Water (convivir con el agua) puede verse en todo, desde los requisitos de almacenamiento de aguas pluviales para las obras de construcción nuevas y los proyectos pilotos financiados por la SWBNO, hasta iniciativas más amplias como el Gentilly Resilience District, un esfuerzo de enfoques múltiples que busca reducir el riesgo de inundaciones y apoyar la revitalización en todo un barrio. La ciudad recibió un financiamiento federal considerable para infraestructura verde, incluido un importante premio de la Competencia Nacional de Resiliencia frente a Desastres del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de los Estados Unidos.

El plan de ordenamiento territorial de la ciudad prevé que para el 2030, Nueva Orleans se convertirá en “una ciudad que celebra su relación con el agua” (Ciudad de Nueva Orleans 2018). El plan prioriza la conservación del agua, la gestión sostenible del agua pluvial y la protección de los humedales y otras áreas necesarias para el almacenamiento del agua. Respalda enfoques de uso del suelo que fueron elementos clave del esfuerzo de reconstrucción posterior al Katrina, comenta Blakely, como la densidad, el desarrollo en terrenos vacíos y la construcción en terrenos altos.

Recomendaciones como aquellas son resultados constructivos de la devastación provocada por Katrina. También lo son las conversaciones en el ámbito de la comunidad sobre gestión del agua y resiliencia, que siguen evolucionando, dirigidas, en parte, por Water Collaborative of Greater New Orleans, que se formó tras el lanzamiento del plan hídrico.

Al igual que muchas ciudades, Nueva Orleans, a medida que trabaja para implementar estas ideas, ha enfrentado desafíos, como la pandemia y transiciones políticas. Aún hay mucho trabajo para hacer, pero otros lugares del país propensos a inundaciones han empezado a adoptar el modo de pensar de Nueva Orleans: Sternad y sus colegas de Waggonner & Ball introdujeron el enfoque Living with Water en ciudades como Houston, Miami, Charleston, Hampton, Virginia, y Bridgeport, Connecticut.

“Estamos dispuestos a guiar soluciones climáticas futuras, en parte porque las cosas que experimentamos aquí brindan enseñanzas valiosas para otras ciudades”, expresa Sternad. “Está bien vivir en un lugar que a veces se inunda, siempre que la cultura y, con el tiempo, la infraestructura puedan adaptarse”.

Evans, Colorado: prepararse para la escasez

La ciudad del norte de Colorado, Evans, tiene una población de 21.000 habitantes, una tasa de crecimiento proyectado del tres por ciento por año y un suministro confiable de agua de la cuenca del río de la región. Pero se espera que, para finales de la década, la demanda de agua se acerque a los límites de dicho suministro, sobre todo si el estado sigue enfrentando sequías y calentamiento debido al cambio climático. A medida que la ciudad crece, sus departamentos municipales intentan trabajar de manera conjunta para asegurarse de que la demanda no exceda la oferta.

“Estamos camino a un período donde tenemos una demanda creciente de agua, pero cada vez queda menos pastel”, comenta Anne Best Johnson, exdirectora de desarrollo comunitario de Evans. “Una cosa es repartir un pastel que crece, pero se hace cada vez más difícil repartir un pastel que se encoge”.

En 2019, la ciudad completó un Plan Municipal de Eficiencia Hídrica, una guía para sus medidas de conservación del agua (Ciudad de Evans 2019). Dicho plan identificó 34 actividades de conservación del agua cuya implementación la ciudad priorizará. Estas van desde ordenanzas para paisajismo y riego al aire libre, hasta requisitos para cosas como sensores de viento y lluvia para los nuevos desarrollos, y acondicionamiento de aparatos con uso eficiente del agua para las construcciones existentes. Si se adoptan todas estas medidas, las proyecciones sugieren que la ciudad podría experimentar ahorros totales de agua de hasta el 17 por ciento para el 2028, en comparación con la demanda proyectada.

 


Conscientes de las demandas crecientes sobre el agua y el suministro decreciente, la ciudad de Evans incorporó paisajismo apto para las sequías en un proyecto de ampliación de una ruta en 2022. Crédito: Ciudad de Evans.

En la época en que se presentó el plan hídrico, los funcionarios de la ciudad estaban iniciando la actualización del plan integral de la ciudad, que se realiza cada 10 años. “La fecha fue importante, porque estos documentos guían a la ciudad por 10 a 30 años”, dice Justine Schoenbacher, coordinadora de conservación del agua de la ciudad. Ambos procesos de planificación incorporaron aportes interdepartamentales y tuvieron una extensa proyección pública, añade Schoenbacher: “El hecho de que ambos planes se actualizaron en un momento de gran conciencia en torno a los problemas de recursos hídricos fue beneficioso”. Dice que la fecha oportuna y los enfoques colaborativos permitieron que la ciudad integrara los planes sin dificultad y analizara los recursos hídricos de forma integral.

Johnson, quien renunció a su cargo en Evans a principios de 2023 para asumir un cargo similar cerca de Berthoud, dice que los funcionarios de la ciudad fueron capaces de consolidar principios del Plan Municipal de Eficiencia Hídrica en el plan integral, que incluye un capítulo sobre la conservación y la administración del agua, así como instrucciones para la incorporación de principios de conservación del agua dentro de la planificación (Ciudad de Evans 2022).

Esto posicionó a Evans en un camino sólido hacia un suministro de agua sostenible. Pero la ciudad no lo hizo por sí sola. Johnson dice que el apoyo de otras organizaciones ayudó a la pequeña ciudad a maximizar sus esfuerzos. En 2018, mientras los funcionarios trabajaban en el plan, participaron en un taller llamado Growing Water Smart organizado por el Sonoran Institute y el Centro Babbitt, que les permitió aprender de otras comunidades y crear su propio plan de acción. La ciudad también participó como comunidad piloto para un programa de Métricas de Uso del Suelo y el Agua coordinado por el Sonoran Institute, lo que les ayudó a medir sus datos locales de conservación del agua. Para implementar el plan de acción Growing Water Smart, recibieron apoyo técnico de WaterNow Alliance y Western Resource Advocates, a fin de administrar un programa de auditoría de eficiencia hídrica, y ejecutar un programa de sustitución e instalación de aparatos en toda la comunidad. Schoenbacher dice que esto fue clave para ayudarlos a lograr un progreso tangible, y para educar a la comunidad sobre la aplicación y los beneficios del plan de eficiencia hídrica.


Officials from Greeley and Evans, Colorado, at the Growing Water Smart workshop in 2018. Credit: Sonoran Institute.

Johnson comenta que, mientras ponen los planes en práctica, los dirigentes de la ciudad intentan ser proactivos y claros respecto a sus objetivos, al hablar con la comunidad y reunir datos que muestren qué está funcionando bien. “Se invirtió mucho tiempo, dinero, esfuerzo e información de la ciudadanía en nuestra guía para avanzar”, explica. “No queremos un plan integral que quede olvidado en una repisa”. Johnson dice que la ciudad comenzó con los proyectos más fáciles, como el acondicionamiento de aparatos, para mostrarle a la comunidad que reducir el consumo de agua no tenía por qué ser difícil. Luego empezaron a sumar algunos peces más gordos. Usando tales herramientas, confían en que pueden equilibrar el crecimiento demográfico y el nuevo desarrollo a la vez que se disminuye el uso del agua en la ciudad.

“Las personas pueden sentirse muy amenazadas por el cambio”. Si les ofreces oportunidades para alcanzar el éxito, entonces te verán como una comunidad que promueve el comercio a la vez que respeta el medioambiente y los recursos limitados”, explica Johnson. Evans, añade, “quiere tener una oportunidad de crecer y cambiar cuando no sea una situación reaccionaria”.

Schoenbacher dice que esto es así en toda la región, donde las comunidades deben planificar para hacer frente a la escasez. La comunicación y las medidas sensatas y anticipadas son clave a fin de estar preparados, señala: “Apoyamos el lema que está circulando en el oeste: necesitamos hacer más con menos. Estamos analizando esa brecha potencial entre la oferta y la demanda a largo plazo. ¿Qué cambios pueden hacer las comunidades ahora para preservar nuestros derechos y la capacidad de crecer en el futuro?”.

Golden Valley, Minnesota: pensar más allá de los límites

Una década atrás, los planificadores y los ingenieros hidráulicos de Golden Valley, a las afueras de Mineápolis, trabajaban en departamentos y pisos diferentes del ayuntamiento. “Existía un acuerdo general respecto a la dirección que estaba tomando la ciudad, pero la coordinación era mínima”, dice el director de Planificación, Jason Zimmerman. Para facilitar la comunicación y la colaboración en esta ciudad de 22.000 habitantes, que depende, principalmente, del redesarrollo para darle lugar al crecimiento, la ciudad combinó la planificación, la ingeniería y las inspecciones en un único departamento, lo que creó una oficina con un concepto abierto en un solo piso del edificio. Hoy en día, Zimmerman dice, “existe una comunicación cercana entre el personal de planificación y de ingeniería, en relación con los proyectos de redesarrollo en especial . . . Las decisiones de planificación siempre consideran los requisitos y desafíos asociados con el agua”.

Estos desafíos han aumentado a medida que el cambio climático agrava las tormentas en la región. “Nuevas elevaciones de inundaciones debido a lluvias más fuertes generaron desafíos para los bienes inmobiliarios de áreas bajas”, dice Zimmerman, y destaca que los planificadores evalúan con cuidado aspectos como la nivelación al revisar los planes de los lugares, teniendo en cuenta las mayores escorrentías que provocan las condiciones climáticas extremas.


El ayuntamiento de Golden Valley se encuentra junto a la torre de agua de 170 pisos a las afueras de Mineápolis. Crédito: Ciudad de Golden Valley.

Mientras Golden Valley sigue ajustando sus prácticas para satisfacer necesidades cambiantes, una agencia de planificación regional habilitada por el estado, la Metropolitan Council, está ayudando a la ciudad a enfrentar la contaminación, planificar para las inundaciones y proteger la calidad de sus arroyos y lagos, pensando más allá de los límites.

Golden Valley le compra su agua a la ciudad de Mineápolis, como parte de un acuerdo conjunto con otros dos suburbios cercanos, Cristal y New Hope.  Metropolitan Council supervisa la infraestructura para la recolección y el tratamiento de aguas residuales y la planificación del suministro de agua en el área, una modalidad casi única que ayuda a las comunidades a aprender unas de otras. “Estamos trabajando con nuestros socios de la región para asegurarnos de contar con suministros sostenibles para el crecimiento que se planificó”, dice Judy Sventek, gerenta de recursos hídricos de Met Council. “Las personas piensan en Minnesota como un estado rico en agua con 10.000 lagos, pero tenemos limitaciones en el suministro del agua”, incluidas las diferencias en el tipo y la cantidad de agua que las comunidades pueden obtener.

En 2005, el consejo creó una Unidad de Planificación de Suministro Hídrico para reunir a las comunidades de toda la región. Una década más tarde, este trabajo ayudó a dar forma a las actualizaciones de la política hídrica regional que se reflejaron en el Plan de Políticas de Recursos Hídricos para el 2040. Este plan tuvo una influencia directa sobre el Plan Integral para el 2040 de Golden Valley, y su objetivo de responder al desarrollo nuevo y cambiante, a las futuras demandas hídricas y a los patrones climáticos dinámicos (Metropolitan Council 2018, Golden Valley 2020).

“En la década de 1980, cuando la mayoría de las personas vivían en el núcleo urbano alrededor de Mineápolis y St. Paul, la mayoría de los residentes y negocios dependían del agua superficial”, explica Sventek. “Hoy en día, el 75 por ciento de los residentes del área metropolitana usan agua subterránea de pozos en los suburbios. Estamos pensando en las implicaciones de este cambio a medida que las ciudades siguen creciendo hacia afuera, y estamos observando cómo el cambio climático afecta el suministro del agua”.

Lanya Ross, analista medioambiental de la Met Council, dice que la visión regional del consejo puede ayudar a las comunidades como Golden Valley a hacer planes a largo plazo con respecto al suministro de agua, de cara al cambio climático y las dinámicas demográficas. Además, sirve como un centro de datos sobre asuntos como el modelado de aguas subterráneas regionales y los efectos de las inundaciones, a los que las comunidades individuales podrían no tener acceso o que no suelen considerar. En Golden Valley, donde Bassett Creek es una vía fluvial crítica, los dirigentes pueden usar esta información compartida para ver dónde pueden ser más útiles los proyectos de gestión de agua pluvial, y cómo pueden ayudar los proyectos de redesarrollo con el control de las inundaciones.

“Podemos observar a la totalidad de la región: cómo planificamos para el conjunto de recursos hídricos sostenibles y cómo se dan esas interacciones”, dice Ross. Ante el cambio climático, la comunicación entre las comunidades vecinas puede ser de particular importancia desde el punto de vista de la oferta. Puede conducir al uso compartido de herramientas y recursos para proteger el agua de origen, supervisar los niveles acuíferos y combatir la contaminación causada por sustancias como el fósforo y el nitrógeno que vienen de la escorrentía agrícola.

Sventek dice que otros estados y organizaciones han observado el enfoque de Met Council, especialmente desde el punto de vista de la oferta, porque planificar para la salud de la cuenca es cada vez más relevante y necesario. Tener una entidad que planifica para una región y aborda los problemas en todas las fronteras locales también es útil para transferir conocimientos y para pensar de forma más abarcadora, explica; y eso se ve reflejado en la forma en la que lugares como Golden Valley están planificando para el futuro.

Arduas decisiones por delante

La necesidad de un pensamiento global, a largo plazo por parte de los gestores de políticas de todo el país es clara. “No existe un lugar que no sea susceptible a algún tipo de desastre en los Estados Unidos, ya sean sequías, ciclones o tornados. Hemos visto inundaciones año tras año”, expresa Blakely, quien dirigió los esfuerzos de recuperación tras el huracán Katrina en Nueva Orleans. “Debemos estar a la altura de las circunstancias, no sumar a la destrucción”.

Las amenazas varían de un lugar a otro y de ecosistema a ecosistema, pero existen formas muy diversas de enfrentar los desastres relacionados con el clima. Las comunidades pueden almacenar y reutilizar agua, en lugar de depender de infraestructuras hechas por las personas para ahuyentarla. Pueden planificar teniendo en cuenta la incertidumbre, anticipar una diversidad de futuros e implementar planes adaptables a largo plazo. También pueden colaborar y trabajar entre fronteras para gestionar los recursos a escala regional, aumentar la resiliencia y mejorar la flexibilidad.

Para estar a la altura de las circunstancias, los planificadores y gestores del agua deben implementar cambios ahora, trabajando de forma conjunta entre departamentos para integrar la planificación del suelo y el agua. “Tomamos muchas decisiones que pospusieron las soluciones al decir: ‘Intensificaremos los controles o las regulaciones más adelante’. Ese momento llegó”, dice Bateman, directora de la conferencia de la AWRA de este año (ver nota de recuadro). “Tendremos que tomar algunas decisiones difíciles. Necesitaremos líderes que estén dispuestos a tomar decisiones con base en la ciencia”.

Holway dice que las organizaciones como APA, AWRA y la Asociación Estadounidense de Obras Hídricas, y el Centro Babbitt pueden ayudar a las comunidades a generar las capacidades que necesitan para implementar soluciones, al brindarles herramientas y apoyo, y al ayudarlas a superar las fronteras burocráticas y geográficas para conectarse. “No intentamos predecir el futuro, intentamos prepararnos para una diversidad de potenciales condiciones futuras. Concientizar y trabajar de nuevas maneras puede servir como puntapié para cambiar la narrativa y sentar las bases para implementar los programas necesarios”, comenta. “Si miras hacia el futuro, los desastres serán una realidad constante. Vendrán uno tras otro, y, si ese es el futuro, tenemos que prepararnos”.

 

 


 

Recursos y lecturas adicionales

El programa Growing Water Smart les presenta a las comunidades estrategias y herramientas que las ayudan a integrar la planificación del uso del suelo y del agua para adaptarse mejor al cambio y la incertidumbre. Growing Water Smart, un programa conjunto del Sonoran Institute y el Centro Babbitt para las Políticas de Suelo y Agua, llegó a más de 80 comunidades de Colorado, Arizona y Utah, y este año se está expandiendo a California y a lo largo de la frontera con México. Para obtener más información, mire el video en www.lincolninst.edu/growing-water-smart.

Para obtener más información sobre cómo las comunidades están incorporando el agua en sus procesos de planificación, consulte Integrating Land Use and Water Management: Planning and Practice (Integración de la gestión del agua y del suelo: planificación y práctica), un enfoque en políticas de suelo del Instituto Lincoln elaborado por Erin Rugland.

Conectar el suelo y el agua para tener comunidades saludables es el tema de la conferencia de verano de la Asociación Estadounidense de Recursos Hídricos que se celebrará este año, del 17 al 19 de julio, en Denver. El comité de planificación de este evento incluye representantes del Centro Babbitt del Instituto Lincoln y muchas otras organizaciones, agencias e instituciones que trabajan para mejorar la integración de la planificación del suelo y el agua.

 

 


 

Heather Hansman es periodista autónoma, columnista medioambiental de la revista Outside y autora del libro Downriver: Into the Future of Water in the West.

Imagen: Un ilustración muestra cómo el rediseño de calles con elementos como jardines pluviales y pavimento permeable puede ayudar a frenar y almacenar el agua pluvial. Crédito: Plan Hídrico Urbano de Greater Nueva Orleans, Waggonner & Ball.

 


 

Referencias

Ciudad de Evans. 2019. “Municipal Water Efficiency Plan Update”. Evans, Colorado. https://www.evanscolorado.gov/media/Departments/Water_Conservation/evans_mwep_report_2019.pdf.

Ciudad de Evans. 2022. “Explore Evans, Where Rivers and Opportunities Meet: City of Evans Master Plan”. Evans, Colorado. https://www.evanscolorado.gov/media/Departments/Planning_and_Zoning/Plans/2022%20Master%20Plan.pdf.

Ciudad de Golden Valley. 2020. “2040 Comp Plan”. Golden Valley, Minnesota. https://www.goldenvalleymn.gov/191/2040-Comprehensive-Plan.

Ciudad de Nueva Orleans. 2018. “New Orleans: A Plan for the 21st Century”. Nueva Orleans, Luisiana. Agosto. https://masterplan.nola.gov.

Metropolitan Council. 2018. “2040 Water Resources Policy Plan”. Mineápolis, Minnesota. https://metrocouncil.org/Wastewater-Water/Planning/2040-Water-Resources-Policy-Plan.aspx.

Waggonner & Ball. 2013. “Greater New Orleans Urban Water Plan”. Nueva Orleans, Luisiana. Octubre. https://wbae.com/projects/greater-new-orleans-urban-water-plan-2.

 

Portraits of Tzuchin Lin and Peter Culp

Lincoln Institute Welcomes New Board Members

By Lincoln Institute Staff, May 16, 2023

 

The Lincoln Institute of Land Policy is delighted to announce the addition of two new board members, land economics professor Tzuchin Lin and water policy expert Peter Culp.

“I am pleased that two luminaries in their respective fields have come forward to assist us as we continue to develop our strategic vision for the future,” said Kathryn J. Lincoln, board chair and chief investment officer for the Lincoln Institute. “Tzuchin Lin, a former David C. Lincoln Fellow, brings a depth of experience in land taxation and will provide a window into our work in Asia. One of the foremost experts on the nexus of land and water, Peter Culp brings valuable insight into this area of focus for the Lincoln Institute.”

Tzuchin Lin is professor of land economics and associate dean of the College of Social Sciences at National Chengchi University, Taiwan. He served as department chair from 2014 to 2017 and as the founding director of the Lab for Integrated Socio-Spatial Science and Information since 2020. His doctoral research was completed in 1999 at the University of Reading, England. In addition to his university teaching, Lin has been a lecturer since 2003 at the International Center for Land Policy Studies and Training (ICLPST) in Taiwan, a nonprofit organization jointly supported by the government of Taiwan and the Lincoln Institute of Land Policy. He and Dr. Chimei Lin from ICLPST were joint recipients of the David C. Lincoln Fellowship in Land Value Taxation in 2005. In the same year, he was acknowledged by the Ministry of the Interior, Taiwan with a special award for his contribution to Land Economics. He was a visiting professor at Helsinki University of Technology, Finland (2008, 2009) and at University of Bremen, Germany (2010), delivering a series of lectures on land economics and policies. He was also a contributor to a chapter on the split-rate property tax in Taiwan in the book Property Tax in Asia: Policy and Practice, published in 2022 by the Lincoln Institute. Lin’s primary teaching and research interest lies in the nature of land markets and associated policies.

Peter Culp is the managing partner and co-founder of Culp & Kelly, LLP, a specialty water and natural resources law and policy firm. Based in Phoenix, Arizona, he is a nationally recognized expert in Western water law and water policy. He has served on a variety of boards and commissions related to water and natural resource issues, including serving by repeated gubernatorial appointment to the Arizona Colorado River Advisory Commission and participating in a series of binational working groups under the U.S. Department of State, International Boundary and Water Commission. Culp has been twice awarded the Partners in Conservation Award by the U.S. Department of Interior and was a recipient of The Nature Conservancy of Arizona’s 2013 Outstanding Conservation Achievement Award and the Arizona Capitol Times Leader of the Year Award in Public Policy. Prior to founding Culp & Kelly, LLP, Peter was a partner in the Phoenix office of Squire Patton Boggs, LLP, where he managed the firm’s Western water and natural resources practice. Peter also worked as a law clerk in the Indian Resources Section of the U.S. Department of Justice, Environment and Natural Resources Division, and as in-house counsel for the Sonoran Institute, a nonprofit organization that works on land and water policy issues throughout the intermountain West. Prior to embarking on his legal career, Culp managed a nonprofit public health technology enterprise for C. Everett Koop, the former U.S. Surgeon General, managed forest fires in the Northern Rockies as part of an Incident Management Team, and drove long-haul refrigerated freight in the United States and Canada.

In addition to Kathryn J. Lincoln and the newly appointed members, the other members of the Lincoln Institute board of directors include Thomas M. Becker, president emeritus of the Chautauqua Institution; Jane Campbell, president and CEO at the U.S. Capitol Historical Society and former mayor of Cleveland; Lourdes Germán, assistant professor at the Boston College Carroll School of Management and Boston College Law School; Nancy Gibbs, Lombard director and professor of practice at the Shorenstein Center on Media, Politics, and Public Policy at the Harvard Kennedy School of Government; William R. Goodell, principal at Powderhorn Advisory Services, LLP; Bruce Lincoln, president of Innervizion Surf Company; John G. Lincoln III, former senior engineer at CH2M-Hill; George W. McCarthy, president and CEO of the Lincoln Institute of Land Policy; Constance Mitchell Ford, visiting professor at the Philip Merrill College of Journalism at the University of Maryland; Thomas Nechyba, professor of economics and public policy studies at Duke University; Kevyn Orr, partner with Jones Day; Timothy Renjilian, senior managing director for FTI Consulting; Scott Smith, former CEO of the Valley Metro Regional Public Transportation Authority and former mayor of Mesa, Arizona; and Adriana Soto, environmental policy and financing consultant based in Bogotá, Colombia.


Image: Tzuchin Lin, left, and Peter Culp, right. Credit: Courtesy photos.

Sunset near Monument Valley

Native American Internship Program Prepares a New Generation of Water Experts in the Colorado River Basin

By Jon Gorey, March 20, 2023

 

As a hydrologist with the Navajo Nation Water Resources Department, Ryan Barton says his office is facing a big challenge: capacity. “Meaning, not enough people for the positions we have to cover all 27,000 square miles of the Navajo Nation,” he says. Encompassing an area roughly three times the size of New Jersey within Arizona, New Mexico, and Utah, the Navajo Nation is home to an estimated 170,000 people. With as much as 30 percent of that population lacking clean, reliable drinking water in the midst of a two-decades-long drought, there’s more work to do—from water infrastructure projects to drought mitigation measures to improving small irrigation systems—than there are staff members to do it.

As overextended as Barton’s department is, the Navajo Nation has a sizable water resources staff compared to some of the smaller tribes in the Colorado River Basin, a vast region that covers parts of seven U.S. states and northern Mexico. The region’s 30 sovereign tribes have some of the oldest and highest-priority water rights in the basin, but many haven’t been able to fully realize those rights due to a lack of staffing capacity, ongoing legal battles—including a case recently heard at the Supreme Court—and a history of being shut out of policy decisions. It’s a situation that will grow more critical as the river basin experiences long-term aridification due to climate change.

That’s one reason the Lincoln Institute’s Babbitt Center for Land and Water Policy partnered with the Catena Foundation and the Mighty Arrow Family Foundation to create a Native American Water and Land Internship in 2022. Run by the Institute for Tribal Environmental Professionals (ITEP) at Northern Arizona University, the program aims to encourage more indigenous students to gain experience in land and water management.

Last year’s pilot program created 12 summer internships at nine host sites, from the Navajo Nation to the U.S. Geological Survey to the Nature Conservancy, and the Lincoln Institute hosted four additional internships, two with the Babbitt Center. ITEP is hoping to expand the program for 2023, if funding allows, placing 24 interns over the summer and creating 10 more part-time, semester-long positions during the school year.

“Through this program, we hope we can help address the staffing issue, or the availability of expertise, [by training] students who have both an academic and an experiential background to fill positions at these tribes,” said Mansel Nelson, environmental education outreach program manager at ITEP, who manages the internship program. Training the next generation of Native American professionals who can also work in water and land management roles in non-tribal settings, from government agencies to nonprofit organizations, will also help broaden the experience and perspectives being brought to bear on addressing water management challenges, says Babbitt Center director Jim Holway.


Last year, Brooke Damon worked with the U.S. Geological Survey as part of the Water and Land Summer Internship program at Northern Arizona University. Credit: Courtesy of ITEP.

Last year’s interns gained a variety of skills and experiences across different settings, from lakes to laboratories. Among other tasks, Barton’s intern Fred Toins III assisted with the ongoing project of quantifying the Navajo Nation’s water resources. That involved using specialized surveying equipment to collect data—think latitude, longitude, and elevation around and within bodies of water—and then using that data to create precise geospatial information system (GIS) models. “With these models, what we can do is determine the storage capacity of these lakes and reservoirs,” Barton said, and track that quantity based on changing water levels.

Toins also helped conduct a crop inventory of irrigated Navajo lands along the San Juan River in New Mexico. That project also involved field data collection—recording crop types and their area on maps—and extensive use of ArcGIS to map the data. Speaking with farmers in the area offered another less technical but still crucial experience, Barton said: “One of the things they gained from that experience was public outreach and interacting with the public, which is an important part of being a public servant.” 

Nelson says working on a range of professional skills is part of the goal of the program: “Sometimes it’s soft skills, like working together with a team, and sometimes it’s more specific scientific skills, like collecting data and making measurements.”

René Castillo, who completed a virtual internship with one of Barton’s colleagues in the Navajo Nation Department of Water Resources, gained valuable practical experience that complemented her academic coursework. “Before ITEP, I didn’t have any real-world application experience of the science that I major in,” Castillo wrote of her experience. “I got hands-on experience using remote sensing, hydrology, and GIS analysis together to help people and do cool science.” Castillo learned other skills, too, she added — gaining confidence in her presentation and leadership skills, and picking up coding and cartography skills using Google Earth Engine and GIS mapping. 

While some students learned new software or gained fieldwork experience during their internships, others, like Jaymus Lee, were introduced to the power of policy. Lee is finishing up a master’s degree in controlled environment agriculture (CEA) at the University of Arizona. He already knew a lot about the science of food systems; for his master’s thesis, he’s piloting an off-grid indigenous greenhouse at Diné College in the Navajo Nation. But as an intern for the Babbitt Center last summer, he gained a much clearer understanding of the centrality of water in agriculture—and how tribal law and water rights fit into the larger context of Colorado River Basin drought. 

“A lot of it was eye-opening for me,” Lee said. “When these big discussions happen about water in the Southwest, a lot of times tribes aren’t involved—and it’s interesting, because they hold anywhere from 20 to 25 percent of the water rights to the Colorado River.” 

Lee says his deeper understanding of water rights and policy will be a big help as he launches an innovative venture called Indigeponics with another Navajo student. “We’re using hydroponic systems to grow indigenous plants,” Lee explains, “and then creating an educational curriculum to give back to tribal communities so that they can understand what CEA [controlled environment agriculture] and hydroponics could bring to their community as far as food security and economic development.”

Hydroponic farming uses up to 90 percent less water than traditional agriculture, and often the water can be recycled continuously. “In places that have limited resources, you could potentially run a farm year-round with little water and very little electricity,” Lee said. The idea went over well with many of the farmers he interviewed as part of a Babbitt Center project during his internship. “A lot of them were very interested in it,” Lee said. “We’re hoping that we can maintain those connections and create a network amongst different tribal communities.”

As the nascent internship program evolves, Nelson would like to see more participation from smaller tribes, more funding so it doesn’t lose momentum, and more Native American students studying science in general. A military veteran and former chemistry teacher, Nelson has for more than 20 years conducted outreach in K–12 schools encouraging indigenous students to enter the sciences. 

Last year’s interns gave him reason to be hopeful. The program required participants to write weekly reports, and one of the participants often commented that she “was looking at how to apply the things she was learning by doing that research in her own community,” Nelson said. “Which I thought was great. I mean, that’s the intent of these internships … what they’re learning can be applied in their own communities to benefit those communities.”

Holway hopes the ITEP program will contribute to important shifts underway in the basin, noting that the Babbitt Center is also active in the Water & Tribes Initiative and is seeking partners to help develop a Native American water internship, mentoring, and curriculum development effort at Fort Lewis College in Durango, Colorado, which has more Native American undergraduate students than any college in the country. “The basin is facing unprecedented challenges,” Holway said. “That’s highlighting the need to prepare our next generation of leaders and address a long-overdue obligation to engage and empower Native peoples and communities in conversations and decisions about the future of the Colorado River Basin.”

Learn more about opportunities to support ITEP’s Water and Land Summer Internship program, and find out how to participate as an intern or host site.


Jon Gorey is a staff writer for the Lincoln Institute of Land Policy.

Image: Sunset on the Navajo Nation near Monument Valley, Arizona. Credit: Cavan Images via iStock/Getty Images Plus.


 

Related Content

Water & Tribes Initiative Encourages Collaborative Approach to Colorado River Management